¿Para qué sirven las colecciones biológicas?


Tanto en universidades como en museos, nos encontramos con colecciones exhibidas al público. En estas exhibiciones normalmente encontramos plantas o animales “disecados” (por decirlo de algún modo) detrás de vitrales con información al respecto, pero esto ¿tiene alguna función otra que exponer un ejemplar? La respuesta es sí, pero primero hay que definir lo que es una colección.

Una colección biológica es un conjunto de ejemplares de seres vivos que son almacenados y protegidos, donde cada ejemplar posee información única ligada a alguna investigación. Las colecciones son separadas por el grupo al que pertenece cada ejemplar (es decir, una colección botánica o herbario será exclusivamente de plantas, una colección entomológica será sólo de insectos, una colección ornitológica de aves, etc), y son organizadas con la taxonomía más actualizada para cada grupo. Además, a los ejemplares se les proporciona constantemente los cuidados necesarios para su preservación a largo plazo.

En general, la recolecta científica (o colecta) de un organismo se realiza con un único fin: resolver una pregunta de investigación o describir la distribución y diversidad de especies en un lugar. Sin embargo, los ejemplares recolectados dan muchísima más información que su propósito original y han llevado a nuevos descubrimientos, incluso después de más de 100 años de haber sido llevados a un museo.

¿Cómo se recolecta un ejemplar?

Los métodos técnicos dependerán de cada grupo, por ejemplo, para la captura de aves se utilizan redes de niebla, para la captura de insectos voladores redes aéreas o de golpe, para arácnidos e insectos no voladores trampas de caída (pitfall), para mamíferos trampas tipo Sherman o Tomahawk, entre otros métodos. Una vez que los ejemplares son capturados se toma nota de su información, como medidas morfológicas, sexo, comportamiento, hábitat donde fue encontrado y lo más importante: fecha y lugar con coordenadas donde fue encontrado. Todo esto se realiza a través del muestreo: es virtualmente imposible poder registrar a todos los individuos de las poblaciones naturales, por lo cual, sólo una pequeña porción (o muestra) de la población total es observada y capturada.

Posteriormente, es necesaria la eutanasia, pero esto no es realizado de forma trivial. Los biólogos y ecólogos no van por ahí matando a cuanto ser vean, sino que se realiza una toma de decisión dependiendo de la especie y las circunstancias. Todo esto aunado a permisos oficiales que son tramitados con una debida justificación, es decir, la colecta debe ser legal. Las especies que se encuentran bajo una categoría de amenaza no se recolectan, a menos que sea bajo circunstancias muy específicas: cuando sus poblaciones se encuentran estables o en crecimiento, lo cual puede tomar años en poderse confirmar; o cuando su identificación es complicada o imposible en campo, en cuyo caso se colectan sólo el número de ejemplares suficientes para que no dañe su estabilidad poblacional. Cuando la especie no se encuentra en riesgo, no es necesario recolectar todos los individuos observados (recordemos que es un muestreo), entonces lo que se hace es colectar sólo unos cuantos para identificarlos y tener el registro de la especie en un lugar. En el caso de aquellos métodos que no discriminan entre especies, por ejemplo, las trampas de caída, se deja de tomar muestras en el momento que se encuentra un ejemplar de una especie en riesgo.

La eutanasia (al igual que el manejo que no conlleva a la eutanasia) se realiza de forma humana, provocando el menor sufrimiento posible al ejemplar [1]. Es por esta misma razón, que es de suma importancia un buen mantenimiento de las colecciones, para que sus muertes y todo el trabajo dedicado a la recolecta no hayan sido en vano. Cada ejemplar es fijado de forma distinta: las plantas son prensadas y montadas sobre papel o cartón de alta durabilidad, los insectos son montados en alfileres (aunque algunos son colocados dentro de sobres), los arácnidos son colocados en frascos con etanol, los vertebrados son disectados y taxidermizados, etc. Cada ejemplar tiene su propia etiqueta con la información que le corresponde. Todo esto conlleva también a que constantemente se revise que no hayan sido invadidos por algún hongo o insecto que los deteriore y que tengan el etanol/formol suficiente. Los encargados de cuidar de las colecciones y organizarlas son llamados curadores. Si una colección es bien cuidada tendrá una larga longevidad, hasta varios siglos.

Izquierda: Colección de aves (© Jeremiah Trimble). Derecha-Arriba: Colección de escarabajos (© Joe Mabel). Derecha-Abajo: Colección de Nepenthes (© François Mey).

¿Para qué sirve recolectar organismos?

Uno de los motivos para la recolecta es tener evidencia física de la presencia y existencia de una especie en un lugar en específico. Muchas de las especies descritas por uno de los mayores ornitólogos de la historia, John James Audubon, se extinguieron mucho antes de que pudieran ser estudiadas. En pocos casos, se colectaron ejemplares que corroboran su existencia, mientras que las demás permanecen como un mito. ¿Existieron estas especies o sólo fueron individuos con características variables de especies ya descritas como, por ejemplo, el albinismo y melanismo? Es imposible saber. Y es por esto que no es posible utilizar esas descripciones para hacer comparaciones con el pasado.

Otro de los motivos para la recolecta, son los constantes cambios en la taxonomía de los seres vivos. Las técnicas para estudiar la genética, que conlleva a entender las relaciones entre especies, mejoran constantemente y las colecciones son una fuente de material genético. Así podemos llegar a encontrar que lo que creíamos que era una especie en realidad son varias o viceversa, e incluso descubrir especies que ya dejaron de existir ya sea hace unas décadas o hace millones de años.

Probablemente, el mayor uso de las colecciones biológicas, es el de descubrir los cambios que han ocurrido en las especies a lo largo del tiempo, que en muchos casos no tienen que ver con el objetivo original de la colecta [2]. Uno de los mayores momentos en la historia de salud ambiental, fue la prohibición del pesticida DDT, lo cual fue gracias a las colecciones biológicas: se encontró un adelgazamiento de las cáscaras de los huevos de aves rapaces ocasionado por el DDT, lo que provocó una reducción en sus poblaciones [3]. Incluso ha sido posible identificar la eficiencia de políticas de salud ambiental gracias a la contaminación contenida en las alas de más de 1 300 ejemplares de aves a lo largo de más de 100 años [4]. La conservación de especies actualmente es imposible sin las colecciones: con el cambio climático, se están desplazando a lugares donde no existían anteriormente y/o están reduciéndose. Una de las formas de poder entender estos cambios es a través de modelos que utilizan la localización de los registros de las especies, información que es indiscutiblemente obtenida a través de las colecciones biológicas [5].

Sin duda, el tema de las colecciones biológicas ha provocado polémicas, como el caso del martín pescador bigotudo (Actenoides bougainvillei), del que fue colectado un sólo ejemplar después de llevar años estudiándolo. La historia fue terriblemente desvirtuada, donde los medios esparcían la mentira de que habían matado a una especie al verla por primera vez después de siglos, y el público en general no pensó dos veces antes de atacar a los investigadores. Esta colecta no fue el fin de la especie (existen alrededor de 1 600 individuos del martín pescador bigotudo), pero ¿y si hubiera sido el último? Las especies no se extinguen con la muerte de su último individuo, su destino fatal está sellado con la incapacidad de reproducirse y la imposibilidad de realizar funciones en su ecosistema. Si hubiera sido el último, la especie ya hubiera estado extinta desde hace tiempo y, en ese caso, ¿qué hubiera sido mejor? ¿dejarlo en una vida solitaria, jamás volverlo a encontrar y que a su muerte se perdiera entre gusanos? ¿o recolectarlo y poder seguir aprendiendo de él hasta 300 años más tarde?


En conclusión

Estamos ya muy lejos de los tiempos en los que la recolecta indiscriminada se realizaba y las colecciones biológicas son esenciales para la conservación y el conocimiento de la biodiversidad [6, 7]. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza es la encargada de determinar el nivel de amenaza de una especie a nivel mundial y la mayoría de la información requerida para su trabajo proviene de colecciones biológicas. Con los avances en la tecnología, ahora es posible tener libre acceso a las colecciones de todo el mundo (por ejemplo, Global Biodiversity Information Facility, Portal de Datos Abiertos UNAM), lo cual facilita el trabajo de conservacionistas. El balance entre un método humano y eficiente para la eutanasia durante la colecta es constantemente discutido y mejorado [8, 9]. Y además de esto, las colecciones también ayudan a la difusión del conocimiento y son una forma de acercar a las personas a la vida silvestre sin que se expongan al riesgo del manejo.


Referencias
[1] De la Rosa-Belmonte, S. J. et al. 2013. Consideraciones éticas en el manejo de animales en campo y en laboratorio. Ciencia y Mar, XVII(49): 45-54.
[2] Pyke, G. H. & Ehrlich, P. R. 2010. Biological collections and ecological/environmental research: a review, some observations and a look to the future. Biological Reviews, 85: 247-266.
[3] Ratcliffe, D. A. 1970. Changes attributable to pesticides in egg breakage frequency and eggshell thickness in some British birds. Journal of Applied Ecology, 7(1): 67-115.
[4] DuBay, S. G & Fuldner, C. C. 2017. Bird specimens track 135 years of atmospheric black carbon and environmental policy. Proceedings of the National Academy of Sciences, 114(43): 11321-11326.
[5] Feeley, K. J & Silman, M. R. 2011. Keep collecting: accurate species distribution modelling requires more collections than previously thought. Diversity and Distributions, 17: 1132-1140.
[6] Rocha, L.A., et al. 2014. Specimen collection: An essential tool. Science, 344(6186): 814.
[7] Krell, F. T. & Wheeler, Q.D. 2014. Specimen collection: Plan for the future. Science, 344(6186): 815.
[8] Blessing, J. J., et al. 2010. Humane killing of fishes for scientific research: a comparison of two methods. Journal of Fish Biology, 76: 2571-2577.
[9] Andrews, P. L. R., et al. 2013. The identification and management of pain, suffering and distress in cephalopods, including anaesthesia, analgesia and humane killing. Journal of Experimental Marine Biology and Ecology, 447: 46–64.

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